POEMAS POR LA PAZ 24 DE MAYO 2011

1.       Miguel Hernández.

“La guerra es como una hoguera
donde los locos se abrasan”
“Tristes guerras
si no amor la empresa.
Tristes, tristes
Tristes armas
si no son palabras.
Tristes, tristes.”
“A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy. Siénteme libre.
Sólo por amor.”

2.       Rafael Alberti.

“¡Paz, paz, paz! Paz luminosa.
Una vida de armonía
sobre una tierra dichosa.”
“Paz sin fin, paz verdadera.
Paz que al alba se levante
y a la noche no se muera.”

3.       Goethe.

“Aquel que en la paz
por la guerra suspira,
ya despedirse puede
del placer y de la dicha
de esperar que a las almas
ingenuas las anima.”

4.       Antonio Machado.

“La guerra es el crimen estúpido por excelencia,
el único que no puede alcanzar
el perdón de Dios ni de los hombres”.
“La guerra está contra la cultura,
pues destruye todos los valores espirituales.”
“¡Señor! La guerra es mala y bárbara; la guerra
odiada por las madres, las almas entigrece;
mientras la guerra pasa, ¿quién sembrará la tierra?
¿Quién sembrará la espiga que junto amarillece?”

5.       José Bergamín.

“Paloma vuelta quimera
las peores guerras del mundo
te han hecho su mensajera”

6.       Gloria Fuertes.

“Si todos los políticos
se hicieran pacifistas
vendría la paz.”
“Que no vuelva a haber otra guerra,
pero si la hubiera,
¡Que todos los soldados
se declaren en huelga”.
“La libertad no es tener un buen amo,
sino no tener ninguno.”
“Mi partido es la Paz.
Yo soy su líder.
No pido votos,
pìdo botas para los descalzos
-que todavía hay muchos-”

 

7.       Federico García Lorca.

“Mariana, ¿qué es el hombre sin libertad? ¿Sin esa
luz armoniosa y fija que se siente por dentro?
¿Cómo podría quererte no siendo libre, dime?”
“Los poetas seremos viejos y solitarios.
Bajo el olivo añoso cantaremos la Paz”.
“Dirá: paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melones de dinamita;
dirá: amor, amor, amor,
hasta que se pongan de plata los labios.”

9.       Ángela Figuera Aymerich.

“Donde veas
que el látigo o la espada se levantan
que la prisión redobla sus cerrojos
que los fusiles amenazan muerte
acércate y, a pecho descubierto,
lanza un tremendo NO que salve al mundo.”

10.    Miguel de Cervantes.

“No hay en la tierra, a mi parecer, contento
que se iguale a alcanzar la libertad perdida.”
“Un poco de luz y no más sangre.”
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones
que a los hombres dieron los Cielos; con ella no pueden
igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre;
por la Libertad, así como por la Honra,
se puede y se debe aventurar la vida.”

11.     Martin Niemöller
(aunque se le atribuye a Bertolt Brecht)

PRIMERO COGIERON…

Primero cogieron a los comunistas,
y yo no dije nada por que yo no era un comunista.
Luego se llevaron a los judíos,
y no dije nada porque yo no era un judío.
Luego vinieron por los obreros,
y no dije nada porque no era ni obrero ni sindicalista.
Luego se metieron con los católicos,
y no dije nada porque yo era protestante.
Y cuando finalmente vinieron por mí,
no quedaba nadie para protestar.

12.    Rafael Alberti

“Lo grito aquí: ¡Paz! Y lo grito
llenas de llanto las mejillas.
¡Paz, de pie! ¡Paz! ¡Paz, de rodillas!
¡Paz hasta el fin del infinito!
No otra palabra, no otro acento
ni otro temblor entre las manos.
¡Paz solamente! ¡Paz, hermano!
Amor y paz como sustento.”

14.    Juan GelmanLa derrotaCalló la guerra / el derrotadomira sus ruinas / su alma /

su escudo roto /

la soberbia del vencedor / los astros

lejos de él /

arden como los días de batalla

en que desenvainó su corazón /

con los trapos de la memoria limpia

la espada que empuñó /

la pasión que se oxida de noche /

13.    Nicolás Guillén

LA MURALLA

Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos:
los negros sus manos negras,
los blancos sus manos [blancas.
Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte.
– ¡Tun, tun!
– ¿Quién es?
– Una rosa y un clavel …
– ¡Abre la muralla!
– ¡Tun, tun!
– ¿Quién es?
– El sable del coronel …
– ¡Cierra la muralla!
– ¡Tun, tun!
– ¿Quién es?
– La paloma y el laurel …
– ¡Abre la muralla!
– ¡Tun, tun!
– ¿Quién es?
El alacrán y el ciempiés …
– ¡Cierra la muralla!
Al corazón del amigo,
abre la muralla;
al veneno y al puñal,
cierra la muralla;
al mirto y la yerbabuena,
abre la muralla;
al diente de la serpiente,
cierra la muralla;
al ruiseñor en la flor,
abre la muralla …
Alcemos una muralla
juntando todas las manos;
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa,
allá sobre el horizonte …

    

15.  Efraín Huerta

1. Hoy he dado mi firma para la Paz

Hoy he dado mi firma para la Paz.

Bajo los altos árboles de la Alameda

y a una joven con ojos de esperanza.

Junto a ella otras jóvenes pedían más firmas

y aquella hora fue como una encendida patria

de amor al amor, de gracia por la gracia,

de una luz a otra luz.

Hoy he dado mi firma para la Paz.

Y conmigo, en cien países, cien millones de firmas,

cien orquestas del mundo, una sinfonía universal,

un solo canto por la Paz en el mundo.

Hoy no he firmado el poema ni los pequeños artículos,

ni el documento que te esclaviza,

no he firmado la carta que no siente

ni el mensaje que durará un segundo.

Hoy he dado mi firma para la Paz.

Para que el tiempo no se detenga,

para que el sueño no se inmovilice,

para que la sonrisa sea alta y clara,

para que una mujer aprenda a ver crecer a su hijo

y las pupilas del hijo vean cómo su madre es cada día más joven.

Hoy he dado una firma, la mía, para la Paz.

Un mar de firmas que ahogan y aturden

al industrial y al político de la guerra.

Una gigantesca oleada de gigantescas firmas:

la temblorosa del niño que apenas balbucea la palabra,

la que es una rosa de llanto de la madre,

la firma de humildad -la firma del poeta.

Hoy he elevado en una el número mundial de firmas por la Paz.

Y estoy contento como un adolescente enamorado,

como un árbol de pie,

como el inagotable manantial

y como el río con su canción de soberbios cristales.

Hoy parece que no he hecho nada

y, sin embargo, he dado mi firma para la Paz.

La joven me sonrió y en sus labios había una paloma viva,

y me dio las gracias con sus ojos de esperanza

y yo seguí mi camino en busca de un libro para mis hijos.

Pues ahí estaba mi firma, precisa y diáfana,

al pie del Llamamiento de Berlín.

Parece que no he hecho nada

y, sin embargo, creo haber multiplicado mi vida

y multiplicado los más sanos deseos.

Hoy he dado mi firma para la Paz.

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