AMPARO BELLA.Organizaciones de mujeres en Zaragoza en los primeros años de la transición

La ADMA, la AAM y las radicales del color morado.

AUTORA:Amparo Bella Rando (Universidad de Zaragoza)

Orígenes del feminismo organizado

El movimiento de mujeres y el feminismo en Zaragoza se desarrolló, como en el resto del Estado, vinculado a los par­tidos de izquierda que integraban la lucha antifranquista y que adquirieron una relevancia importante en todo el proceso de la transición democrática. El movimiento se construyó, en consecuencia, con un marcado carácter político.

Dentro del espectro político de la izquierda revolucionaria que apostaba por un modelo de cambio no sujeto a los pactos de silencio y al cambio gradual se encontraban implantadas, en Zaragoza, formaciones como el Partido Socialista Aragonés (PSA, regionalista de izquierda vinculado al grupo que inicialmente realizaba el periódico Andalán), el Movimiento Co­munista (MC, de tendencia leninista), el Partido del Trabajo y la Organización Revolucionaria de Trabajadores (PT y ORT de tendencia maoísta), y la Liga Comunista Revolucionaria (LCR, de tendencia troskista), así como los tradicionales Par­tido Comunista de España y Partido Socialista Obrero Espa­ñol. Las primeras formaciones mencionadas, sobre todo las tres primeras (PSA, MC y PT), que ocuparon mayor espacio político que el PCE en Aragón, estaban integradas por un componente numé­rico de mujeres importante, y con ellas se nutrieron las primeras organiza­ciones específicas de mujeres con carácter feminista.

El impacto social que supuso el decenio de las Naciones Unidas sobre la Mujer y la proclamación del Año Internacional de la Mujer, en 1975, posibilitó la organización en nuestro país de las Jornadas Estatales por la Liberación de la Mujer en Madrid que pueden considerarse, como afirma Amparo Moreno,

El primer pasó hacia el desarrollo de un amplio movimiento feminista en España… Fue la culminación de los trabajos realizados durante aquel año, fruto de la trayectoria seguida por organizaciones de mujeres que funcionaban desde tiempo anterior y otras que se crearon entonces.[1]

Si bien no hay constancia de la participación en dichas jornadas de muje­res que entonces vivieran en Zaragoza,[2] es cierto que tuvieron una repercusión importante en

[1]      A. Moreno: Mujeres en lucha. El movimiento feminista en España, Barcelona, Anagrama, 1977,p. 21.

[2]       Montse Reclusa, entonces en el País Vasco, acudió a aquellas Jornadas: –Yo pertenecía a la vieja uardia revolucionaria que venia de Navarra y del País Vasco, desde los años 74-75, estaba or­ganizada en la ORT. Estuve en la asamblea estatal de Madrid por que me mandaron. A mí quien más me llamó la atención fueron unas canarias -guapísimas de la muerte- que venían defen­diendo el culto al cuerpo y a lo femenino y el partir en las reflexiones desde si mismas, un poco, lo que hoy serían los modos y los haceres de muchas de nosotras, pero entonces sonaba, frente a la disciplina férrea, totalmente austera y revolucionaria de la época, pues, sonaba de un burgués que – te cagas lorito-, y entonces ya, allí había una diferencia notable entre las Asociaciones De­mocráticas de Mujeres impulsadas por mujeres de partidos políticos, que partían de los análisis marxistas y socialdemócratas, y las mujeres que preconizaban, ya, grupos de reflexión propios, espacios diferenciados; allí, por primera vez, oí la batalla entre las que pensaban que debían y podían participar hombres y las que no-batalla dialéctica-, y más, porque hubo mucho enfrentamiento en torno a ese tema y, la doble militancia, se empezó a hablar y a discutir, entonces a raí aquello me parecía lejano, porque yo era una mujer de partido y todavía con muchos cri­terios formados en estados de excepción y de represión muy fuertes- (entrevista realizada el 25 de agosto de 1997).

el ánimo de algunas, vinculadas a organizaciones políticas de izquierdas y, por tanto, permeables a las ideas de liberación transmitidas por las mujeres que, de sus mismas organizaciones, habían participado en las Jor­nadas de Madrid, para impulsar grupos específicos que incorporaran deman­das referidas a la cuestión de la mujer y al reconocimiento de sus derechos dentro de la lucha por la conquista de las libertades democráticas. Una de ellas, Mercedes Gallizo, copartícipe en la formación de organizaciones feministas de Zaragoza y dirigente entonces del MC en Aragón, expuso en la prensa regional la siguiente visión:

Yo no tenía conciencia feminista, no sentía directamente la problemática de las mujeres, tal vez por estar ocupada en otros temas en aquel momento imprescindibles. Llegó el feminismo más tarde y fundamentalmente por al­gunas mujeres del partido como Empar Pineda. El MC se planteó el tema con bastante honestidad pero, aparte de esto, había mujeres muy sensibi­lizadas. Mujeres con ideas claras y actitudes positivas. Yo me integré en la estructura de mujeres, que empezó a discutir el feminismo. En Zaragoza importamos el tema, aunque había gente sensibilizada y empezamos a reu­nimos en la pizzería de la calle Latassa.[3]

En Zaragoza, ya se habían producido los primeros escarceos feministas entre las mujeres del Partido Comunista[4] que tenían algún familiar encarcelado y realizaban tareas de apoyo a presos:

Los días de visita se convertían en un intercambio de libros, folletos, pósters entre la gente que íbamos a ver a los presos, de tal forma que al penal lo lla­mábamos la Universidad de España. Y poco a poco, de una manera un tanto sentimental al principio, empezamos a ver que las mujeres también teníamos cosas propias por las que luchar, aunque el problema fundamental seguía siendo la represión en general.[5]

Existían núcleos de mujeres pertenecientes al Movimiento Democrático de Mujeres -fundado de la mano del PC en 1965- que, además de las reunio­nes en parroquias y locales, tenían las trastiendas de las librerías Pórtico y Hesperia como lugar de «avituallamiento para conseguir estudios que teo­rizasen sobre la mujer, como La emancipación de la mujer, de Lenin y sobre todo El segundo sexo, una edición francesa en lengua castellana».[6]

3) T. AGUSTIN: “Mecedes Gallizo.Los ojo claros de una muje imprescindible”Andalan, 464-465.1ª y 2ª quincena, diciembre 1986, p. 20

4) El PC impulso la creación de grupos de mujeres –similares a los existentes en Barcelona y que darian lugar en 1965 al Movimiento Democratico de Mujeres- en Madrid, Zaragoza, Valencia, Euskadi y Galicia, recogido en E.Garrido/ed):Historia de las mujeres en España, Madrid, Editorial Síntesis 1997.p.547

5)Testimonio de Maruja  Cazcarra, recogido en articulo de prensa  de C.Usan:”Las hijas de Simone de Beauvoir”Heraldo de Aragon 20 de abril de 1986

6)Ibid

Por otro lado, desde el año 1973 estaban funcionando algunos grupos de mujeres en los barrios de la ciudad, formando Vocalías de Mujeres dentro de las Asociaciones de Vecinos. Su trabajo se concentraba en problemas que les afectaban directamente como amas de casa y madres de familia en relación al consumo y a la carestía de la vida. A través de estas prácticas de organización informal -presionar con la cesta de la compra para adquirir productos a menor coste, negociando- se fueron forjando relaciones de mujeres que se unieron, además, por otras necesidades como la exigencia de guarderías laborales y la formación de adultas.

En las tiendas exigíamos que tuvieran un pan familiar para que las familias lo pudieran adquirir a un costo muy bajo pero, claro, la mayoría de las pa­naderías no lo podían traer porque no les repercutía económicamente nada. Y, luego, pues también, lo que hacíamos era, con la gente del campo, traer productos directamente de los agricultores, para que no hubiera interme­diarios y pudiera resultar más barato. Eso lo hacíamos las mujeres y era una manera de ir agrupándonos, de ir viendo las necesidades que podíamos tener para agruparnos. Fue en relación, más bien, a lo que eran las mujeres, que estaban muy metidas en casa y descubrimos que eso no era bueno para el desarrollo de las mujeres, y entonces nos empezamos a juntar. Lo que ne­cesitábamos era, pues, más cultura y nos lanzamos con la idea, también, de formar un centro de adultas.[7]

El carácter activista de las asociaciones de vecinos, único cauce de parti­cipación política durante los últimos años del franquismo, a través del cual se formaron las organizaciones políticas en la clandestinidad, favoreció el in­tercambio de ideas entre las mujeres que desarrollaron una conciencia feminista.

Es en la primavera de 1976, en plena resonancia de las I Jornades Catala­nes de la Dona celebradas en Barcelona en el mes de mayo, que actuaron co­mo un catalizador de inquietudes, cuando una treintena de mujeres, dispuestas a facilitar el encuentro y la convivencia, comienzan una serie de reuniones noc­turnas en una pizzería zaragozana para trabajar el tema del feminismo, y que concluirán después del verano con la decisión de fundar la Asociación Demo­crática de la Mujer Aragonesa, legalizándose en febrero del año siguiente.

La Asociación Democrática de la Mujer Aragonesa (ADMA): un intento de organización unitaria

Entre las mujeres que participaron en aquella experiencia se mezclaban elementos contrapuestos entre la actitud entusiasta, desarrollando una gran sensibilización hacia los problemas que sufrían las mujeres y el placer o goce por descubrir la capacidad de entenderse y compartir cosas, y la intromisión de los intereses partidistas que serían determinantes en las discrepancias que, más allá del discurso feminista, llevaron a su fragmentación un año después.

Nos interesa destacar el contenido que dieron al movimiento a través del debate entre mujeres de distintas procedencias (estudiantes, trabajadoras, enseñantes, profesionales liberales], que en aquel momento estaban en la lucha política en prácticamente todas las formaciones de izquierda existentes en Zaragoza y así se destacaba en la prensa:

7)Pilar Añon, entrevista realizada el 10 de julio de 1997

 

«conviviendo tan ricamente desde simples demócratas, hasta militantes del PSA, PCE, PSOE, MC y PT, pasando por algunas republicanas. Todo consiste en unas normas democráticas y un sólido espíritu unitario y de trabajo».[8] Intentaban desarrollar un movimien­to que superara la confrontación de corrientes de pensamiento y acción, que habían quedado patentes en los dos encuentros estatales, entre el pensamiento de tradición marxista que conformaba grupos adscritos a partidos políticos mixtos, por considerarlos la alternativa global, y el pensamiento radical, que provenía de las feministas norteamericanas, y ponía el acento en el sujeto mu­jer, tratando de hacer del feminismo una alternativa independiente y global. Este espíritu aglutinador, así como las repuestas que dieron a las preguntas más candentes del pensamiento de mujeres, en aquellos momentos, sobre el carácter de la opresión y las prioridades de lucha,[9] quedó reflejado en el do­cumento de constitución en donde definían la asociación como unitaria, in­terclasista, independiente y democrática.

Si bien el movimiento feminista español estuvo marcado a nivel organi­zativo por la división, en Zaragoza duró más tiempo el intento de construir desde el principio una organización en la que tuviesen cabida mujeres de di­ferentes tendencias, unidas bajo el común denominador de la toma de con­ciencia -sobre los problemas comunes que sufrían las mujeres- y en la bús­queda de una identidad sobre la que construir el movimiento. El deseo de búsqueda de identidad política conjunta fue lo que unió a las participantes en el nacimiento de ADMA y las llevó a elaborar el documento programáti­co, aunque esa búsqueda quedara ensombrecida por intereses hegemónicos:

Todas partíamos de una organización política y todas estábamos condi­cionadas porque un movimiento social que surgía y que previsiblemente iba a tener una cierta importancia era objeto de disputa y control político. […] Nos parecía que no teníamos ese objetivo de controlar, pero sí teníamos el objetivo de que nadie controlase, de garantizar que cuando se estructu­rasen los movimientos, en los puestos relevantes tenían que estar las per­sonas adecuadas, quizá pensábamos que para evitar que hubiese una mani­pulación y que nosotras íbamos a garantizar más la autonomía del movi­miento, pero quizás también era una manera de controlar.

Había una cierta tradición de cenas políticas. Eran un instrumento para acercar posiciones, para conocerse más y para crear un mundo en común que luego permitiese dar vida a una organización, y de ahí surgió el ADMA que era una organización muy unitaria, de todo el mundo, pero que contro­lábamos nosotras, claro.[10]

El análisis que realizaban sobre la situación de las mujeres lo centraron en el carácter de la opresión femenina situada en el marco de la «doble opresión» -por el «sector social al que pertenecen» y por el «mero hecho» de ser mujer-, reconociendo así la específica relación social de opresión entre los lexos, su articulación en la sociedad de clases y la consideración de las mujeres como «un grupo oprimido que debe asumir la causa de nuestra liberación y organizarmos para luchar hasta conseguirla». Vemos, por tanto, que

8) R. LARBURU:”ADMA hacia la liberacion de la mujer”,Esfuerzo comun, 244, 15 de diciembre de 1976

9)Elena Grau destaca esta divisoria del pensamiento feminista producto de la incorporación de las reflexiones del feminismo radical europeo y americano y que en España, si bien su fuerza no tuvo un carácter numerico ni organizativo, impregnaron el dicurso.Desde estas aportaciones se explica la formacion de corrientes unitarias, E.Grau.”De la emancipación a la liberacion y la voloracion de la diferencia. El movimiento de mujeres en el Estado español 1965-1990, en G.DUBY Y M.PERROT(eds): Historia de las mujeres.El siglo XX, Madrid, Taurus, 1993, tomo 5,p.676.

10)Mercedes Gallizo, entrevista realizada el 26 de junio de 1997

el criterio fundacional de identificación política es ese simple hecho de vivir en un cuerpo sexuado de mujer,[11] y el nombre que le dan a su situación es el de opresión, en la línea de los análisis del momento, un término que implica victimización y conciencia subjetiva de un grupo que lucha por deshacer ese error.[12] El lenguaje es sencillo y todavía no se menciona el patriarcado ni las subsiguientes estructuras e instituciones de dominación a través de las relaciones de familiares. El documento prosigue definiendo su carácter unitario e interclasistas «como mujeres sin adjetivos»[13] y desmarcándose del enfo­que instrumentalizador de los partidos, para subrayar la necesidad de inde­pendencia de los mismos, pero admitían la doble militancia y, en ese sentido, se distancian de las corrientes radicales.

La ADMA, pese a su corta vida, constituyó uno de los pocos ejemplos de organización unitaria que se dieron en el Estado. No hay que confundirla con las Asociaciones Democráticas de la Mujer, federadas a nivel estatal, que impulsaron, de manera oportunista, formaciones como el PTE al salir de la clandestinidad.[14]

Se inscribirían en la tercera vía, que Amparo Moreno y Elena Grau deno­minan corriente de feminismo socialista o «lucha de clases»[15] y que concuerda con la caracterización que hace A. Moreno de los grupos que la formaron, al decir que:

se definen como autónomos e independientes de los partidos políticos y de los hombres, de las organizaciones sectoriales y del Estado, unitarios, y que admiten en su seno tanto militantes de distintos partidos políticos como diversas tendencias feministas.[16]

Es una corriente, como afirma Elena Grau,[17] «integradora» de la tradición marxista y de las aportaciones del feminismo radical, al tratar de articular patriarcado y capitalismo en una concepción totalizadora de la opresión fe­menina, si bien, como he señalado arriba, el lenguaje es tímido en el uso de conceptos como patriarcado o explotación[18] pero, como se refleja en el pro­grama, se pretendía conseguir «la plena igualdad de la mujer y el hombre», la desaparición de toda estructura de opresión de la mujer y el desarrollo de una «lucha ideológica» para transformar mentalidades, debiendo «proseguir» esta después del cambio de estructuras sociales capitalistas, aspecto que, si bien, no desarrollan o explican, implica la consideración de que la liberación de las mujeres no estaría supeditada a las trasformaciones sociales que los proyectos de tradición marxista defendían, habiéndose necesaria otro tipo de cambios.

11)Milagros Rivera destaca la importancia que la categoria mujeres ha tenido para el movimiento politico feminista, asi como la dificultad para distinguir lo que en ella procede de la resistencia al patriarcado y lo que procede de pensar en otros terminos la experiencia personal de vivir en un cuerpo sexuado en femenino”,M.RIVERA:Nombrar el mundo en femenino.Barcelona,Icaria, 1994, pp.61-62

12)Tomo esta consideración de G.Lerner:La creación del patriarcado.Barcelona.Critica, 1990, p.334.

13)Esfuerzo comun, op.cit

14) Amparo Moreno menciona expresamente la ADMA, diferenciándola de la Federación de Orga­nizaciones Feministas en que se integraban las asociaciones alentadas por el PTE {op. cit. p. 89). Éstas, como señala Pilar Folguera, estaban al margen de las Coordinadoras de Organi­zaciones Feministas en Barcelona, la Plataforma de Organizaciones Feministas en Madrid o la Asamblea de Mujeres del País Vasco, que funcionaban a nivel unitario para campañas con­juntas, A. Moreno: «De la transición política a la democracia. La evolución del feminismo en España durante el período 1975-1988», enP. folguera (comp.|: El feminismo en España: dos siglos de historia, Madrid, Fundación Pablo Iglesias, 1988, p. 12.

15)Hay varias clasificaciones del movimiento feminista atendiendo a las líneas de pensamiento des­

de el punto de vis.ta de la importancia que le dan al origen y carácter de la opresión femenina (A. Moreno, E. Grau) y desde la mayor o menor autonomía en su estrategia y objetivos de acción (L. Falcón y E. Garrido-P. Folguera).

16)En aquellos momentos, otros grupos de esta comente eran el Frente de Liberación de la Mujer (FLM)

en Madrid y la Asociación de Comunicación Humana y Ecología (ANCHE), A. Moreno: op. cit., pp. 81-83.

17)E. GRAU: op. cit., p. 676.

18)       Milagros Rivera, al hablar sobre el feminismo materialista y las dos grandes escuelas, la del mar­

xismo científico y la del marxismo crítico, distingue entre la utilización del concepto de opresión y explotación, asignando la utilización de éste último a la escuela crítica que propugna la abo­lición no sólo del capitalismo, sino también y especialmente la del patriarcado, M. Rivera: Nombrar el mundo en femenino, op. cit., p. 95.

 

El documento finaliza con una apelación a la unidad de las mujeres para cambiar su situación y el reconocimiento de que el primer paso «fundamental» para conseguir sus objetivos, en alguna medida, habrá de ser el reconocimiento de las libertades democráticas, situando, por tanto, la prioridad de la lucha subordinada a la política imperante de los partidos democráticos, dominados por los hombres. En este sentido, podemos afirmar que la común identidad que estaban intentando construir era, todavía, una identidad política subordinada, al estar mediada por los intereses masculinos.

Es evidente que las distintas integrantes de ADMA no formaban un cuerpo homogéneo en cuanto a pensamiento y que muchas estaban descubriendo,no sólo el significado que le podían atribuir al hecho de ser mujer, sino también a una nueva manera de hacer política en contacto e intercambio con otras mujeres. Esta experiencia es relevante en la medida en que al ser iniciadoras de la organización del movimiento feminista en Zaragoza, determinaran la configuración del mismo. En este sentido, si bien mayoritariamente se detenían en la corriente lucha de clases, podían coexistir otras líneas de pensamiento, otro tipo de análisis y de prácticas, por ser un grupo en formación por ser, por primera vez para ellas, sólo de mujeres. En algunos estudios sobre el feminismo contemporáneo se pone de relieve el problema y peligro que supone distinguir las posiciones feministas (radicales, socialistas, liberales] como fenómenos que se articulan y/o subordinan a grandes ideologías politicas, lo que trae consigo el considerar los conflictos entre las feministas como una «reproducción de los problemas exteriores».[19]

La práctica que llevaron a cabo se centró en una política de objetivos y reivindicaciones, expresados en su programa y en la difusión pública a través de diversas campañas por la despenalización del adulterio y los anticonceptivos fundamentalmente. Establecieron unos objetivos prioritarios en los que recogían los ya propuestos en las dos jornadas estatales en cuanto al cambio en la legislación discriminatoria, los referidos al trabajo asalariado y la denuncia de la doble jornada, la propuesta de liberalización del trabajo doméstico mediante su socialización, la coeducación y además introdu­cían el derecho a disponer del propio cuerpo, algo totalmente novedoso en el panorama zaragozano, dándose ese cambio cualitativo con la centralidad que adquirió el tema de la sexualidad[20] en el MF, ya no como tímida exigen­cia de legalización de anticonceptivos a cargo de la seguridad social, información sexual y centros de planificación -ampliando, ahora, a la legalización del aborto- sino desde la afirmación del cuerpo femenino y la voluntad de con­trol sobre el propio cuerpo. Como afirma Lidia Falcón, comparando la visión del MF actual, desde los años sesenta, con sus antecesoras -ilustradas y su­fragistas-, esta afirmación supone que

no se ignoran a sí mismas como mujeres, sino que exigen el reconocimiento de la especificidad femenina, la aceptación de sus peculiaridades, el respeto por sus necesidades […] y que la sociedad proporcione a las mujeres los me­dios para desarrollar sus necesidades sexuales y reproductoras -o la negación de las mismas-.(21)

19)Jasmine Eigas incide en este aspecto al señalar que “presas de la tensión entre, por un lado, la ruptura con sus referentes externos a favor de la construcción del mundo más centradas en la propia interioridad y, por otro lado, mantener una capacidad para la acción en el mundo exterior, las feministas se han situado en verdad tanto dentro como fuera de las tradiciones políticas do­minantes».). Ergas: “El sujeto mujer: el feminismo de los años sesenta-ochen ta-, en G. DUBY y M. Perrot (eds.|: Historia de las mujeres. El siglo XX, Madrid, Taurus, 1993, tomo 5, p. 546.

20)Señalado por E. GRAU: op. cit., p. 676.

21)Lidia Falcon defende el carácter original del feminismo actual porque desde la afirmación del cuerpo  la sexualidad, el orgullo de ser mujer, a diferencia de otras epocas, “se esta construyendo, por prmera vez en la historia, el sujeto feminista”, L.Falcon:Mujer y poder politico, Barcelona, vindicación Feminista, 1991, p.388

.La ADMA llegó a tener una implantación importante, llegando a reunir unas doscientas militantes, que se aglutinaron a través de las campañas pú­blicas por las que adquirieron visibilidad, sobre todo a causa de un juicio en la Audiencia Territorial de Zaragoza contra una mujer de 21 años acusada de adulterio, y para la que se pedía cinco años de prisión y cincuenta mil pesetas de sanción, por la acusación particular. El hecho saltó a la prensa[22] y movilizó a muchas mujeres en torno al grupo confiriéndole presencia social. Fue un momento importante, ya que con un caso tan evidente ganaron las simpatías ciudadanas a través de la recogida de firmas pidiendo la despenalización, bajo el lema de «Yo también soy adúltera» y la coordinación con la Asociación de Mujeres Juristas para presentarlas y solicitar formalmente la reforma legislativa.

La dinámica interna, tratando de crear un mundo común, se construyó sobre la base, por un lado, del acuerdo en las reivindicaciones reformistas y, por otro, sobre el debate teórico en torno a si la contradicción principal, existente  en las distintas formaciones históricas era la que se daba entre hombre-mujer y, entonces, había que provocar un cambio revolucionario en la sociedad para resolverla, o si se trataba de ir cambiando las leyes y obteniendo conquistas hacia la igualdad, lo que suscitó bastantes polémicas. Se trataba de un prob­lema de estrategia de actuación en la que subyacía el debate y la dificultad de construir el sujeto mujer. Así pues, sin encontrar la síntesis entre ambas contradicciones -era el año de publicación en España del libro de Eveline Sullerot, Sexo contra sexo, o clase contra clase– y sin haber llegado a certezas sobre quién era el enemigo principal, el sujeto político de las mujeres de ADMA se hallaba escindido.

Entre estos debates, bajo el peso de las disyuntivas entre las posiciones reformistas y revolucionarias, reflejo de la política de los partidos que se reparaban para afrontar las elecciones legislativas de 1977, la ADMA se vio sacudida por la urgencia de priorizar las opciones que consideraban genera­les frente a las específicas femeninas. Eran las de los distintos partidos politicos de la izquierda aragonesa, desunida y lastrada por el sectarismo y el dogmatismo, y esto se materializó en la lucha interna por el control del grupo, sí, en la primavera de 1977,(23)tras una crítica asamblea en unos locales del barrio de Las Delicias, decidieron la ruptura del proyecto unitario, sucumbiendo a la polarización y a la no resuelta aceptación, no sólo de la «contradicción principal» por la histórica división sexual, sino también y sobre todo, no resuelta práctica de la disparidad entre mujeres.(24)

A pesar de los deseos que algunas mujeres expresaron públicamente de­fendiendo que la asociación no sólo «debe ir enfocada a las mujeres, sino que otro aspecto tan importante como ése es que las iniciativas, nuestra voz, partan de nosotras mismas, de las mujeres»,[25] frente a otras mujeres que, de ma­nera ambivalente incidían más en la relación con el otro sexo para alcanzar el socialismo y la igualdad, los conflictos fueron irresolubles y la Asocia­ción Democrática de la Mujer Aragonesa se escindió en tres nuevas asocia­ciones: la Asociación Aragonesa de la Mujer (AAM), La Unión de Mujeres por su Liberación (UML) y el Frente Feminista (FF).

22) En el diario Heraldo de Aragón se sucedieron varios artículos alusivos durante los meses de octu­bre y noviembre (6-7,21 -28 de octubre y 17 de noviembre de 1996), recogiendo también la opinión de la Asociación de Mujeres Juristas, organización sectorial a nivel estatal con representación en Zaragoza, que abogaba por las reformas legislativas «en base a 1a igualdad de trato para todos los seres humanos».

23) Amparo moreno, en su libro Mujeres en lucha, op. cit., p. 89, fechada su presentación en abril de 1977, lo recoge: -actualmente-la ADMA-atraviesauna importante crisis-. Asimismo reco­ge el dato de la existencia de una delegación de AUPEPM -organización universitaria- y el Grupo Feminista Independiente de Zaragoza-de tendencia radical-, sobre los que, hasta el momento, no he encontrado ni referencias escritas ni orales. El Grupo Feminista Independiente también aparece mencionado en P. Escario, I. Alberdi y A. López-Acoto: Lo personal es político. El movimiento Feminista en la transición, Madrid, Instituto de la Mujer, 1996, p. 362.

24)tomo el concepto de L.CIGARINI.La politica del deseo, Barcelona, Icaria, 1995,p.131

25) Marian Torrens en Esfuerzo Común, op cit. En esta entrevista se mencionan las diferencias entre muchas de ellas, que piensan que el socialismo traerá mejoras para liberarse como mujeres y otras que no ven tal utilidad y abogan porque la mujer tome el poder.

 

Reajustes y expansión del movimiento de mujeres

La disgregación de ADMA trajo consigo un reajuste en la estructuración del movimiento de mujeres en Zaragoza. La palabra feminista todavía sus­citaba reticencias y era exclusiva de los pequeños grupos, aunque esa ocul­tación pública iba a cambiar, como veremos.

La coyuntura política, con la celebración de elecciones generales en junio de 1977, primera consulta democrática después de cuarenta años -para la ela­boración de la Constitución, aprobada en 1978-, fue un acontecimiento que aceleró la legalización de las nuevas organizaciones en su ánimo de interve­nir activamente en el nuevo escenario público.

Con las tres nuevas organizaciones que surgen tras la escisión de la AD­MA coexistían otras agrupaciones de mujeres que desarrollaban su actividad en el seno de los partidos políticos (PCE, MC, PTE, ORT, PC M-L) y orga­nizaciones sindicales |CCOO) de las que formaban parte. En la práctica la ma­yoría de las integrantes habían sido afines, si no integrantes, de la ADMA. Existía un hilo de contacto entre estas mujeres, en todas las actividades públicas que desarrolló la ADMA, con las que en los barrios estaban desa­rrollando, desde las asociaciones de vecinos, las mujeres que se movilizaban para exigir guarderías con horario laboral y la despenalización del adulterio y de los anticonceptivos.

Desde el mundo laboral, el año 76 estuvo marcado en Aragón por la conflictividad y largas huelgas sectoriales -la de TUZS A, empresa local de trans­portes, tuvo gran incidencia social-, como conclusión de una larga etapa de deterioro económico. Es el momento en que un núcleo fuerte de mujeres de las Comisiones Obreras fueron centrando su actividad, a través del con­tacto con otras trabajadoras de empresas locales, en la idea de formar un grupo dentro del recién legalizado sindicato de CCOO, para que su voz fuera tenida en cuenta por los compañeros, lo que, en septiembre de 1977, se constituyó a nivel estatal como Secretaría de la Mujer de CCOO. Su práctica se concre­taba entonces en el problema de la desigualdad de salarios y la marginación social ante la falta de guarderías y la problemática del ama de casa como tra­bajadora.[26] La consideración de trabajadora iba referida al trabajo asalariado y la dificultad de compatibilizarlo con las tareas del hogar. En aquellos mo­mentos toda conceptualización del trabajo se enfocada desde la perspectiva del mercado laboral asalariado y, desde el punto de vista social, las y los tra­bajadores en función de su capacidad trasformadora como clase obrera, co­mo sujeto revolucionario. De ahí, la necesidad imprescindible de que las mu­jeres se incorporasen a ese mundo, como una premisa de independencia y para adquirir protagonismo en la lucha social para poder vencer, así, su dependencia y discriminación jurídica en la transformación de la propiedad privada «en propiedad y consumo colectivos».[27]

26) En el Heraldo de Aragón se recoge una Asamblea de Mujeres Trabajadoras el 15 de marzo de 1977,

que si bien se define unitaria e independiente, es previsible -no ha sido posible contrastarlo de manera certera- que fuera origen de la posterior formación de la Secretaria de la Mujer en Zaragoza.

27)    A. KOLLONTAI: La mujer en el desarrollo social, Madrid, Labor, 1976, p. 142. Esta autora tuvo bas­tante influencia en la formación del pensamiento feminista, de tradición marxista, aún más por su posicionamiento critico a la ortodoxia leninista y el cuestionamiento que, como mujer, hizo de las relaciones entre los sexos. Además, como señala Milagros Rivera en Nombrar el mundo en femenino: -una clave interpretativa en la construcción social de la sexualidad -, op. cit., p. 98. Las lecciones a estudiantes recogidas en este libro sirvieron en algunos casos de ma­nual de feminismo, así como desde otra perspectiva, totalmente diferente, Marta Harnecker ofrecía el catecismo del materialismo histórico.

Por otro lado, existían asociaciones sectoriales como la delegación local de la Asociación de Mujeres Juristas -fundada por María Telo en 1971—y la delegación de la Asociación de Mujeres Separadas -formada en 1974—.(28) De­sarrollaban actuaciones limitadas al terreno jurídico y la defensa de sus in­tereses, respectivamente, y aunque no se pronunciaban abiertamente en temas como el divorcio o los anticonceptivos, colaboraban ocasionalmente en las campañas públicas que los otros grupos de mujeres organizaban por la reforma legislativa.

La Asociación Aragonesa de la Mujer (AAM) y la proyección política

En este sentido, se pronunciaba en la prensa local la recién constituida y legalizada Asociación Aragonesa de la Mujer (AAM),[29] adscrita a la Federación de Organizaciones Feministas del Estado Español (impulsada por el PTE y con integrantes comunistas y socialistas], para «defender la igualdad ante la ley». Declaraban ser conscientes de que la problemática de la mujer-como se designaba entonces- era más amplia, pero que su campo de actuación se iba a centrar en las aspiraciones democráticas presionando para que en la ela­boración de la Constitución se tuviera en cuenta al «62 % de la población», incluyendo los puntos que defendían en su programa de Constitución, reco­giendo básicamente los ya expuestos en las plataformas generales desde la celebración de las jornadas estatales, pero haciendo especial hincapié en la inclusión del divorcio. Agradecían el apoyo a Ramón Sainz de Varanda, abo­gado de la asociación, senador por la CAUD (Candidatura Aragonesa de Uni­dad Democrática para el Senado) y el que sería, con la formación del primer ayuntamiento democrático en 1979, alcalde de la ciudad por el PSOE. En agosto de aquel mismo año (1977), la AMM ya había publicado un comunicado con motivo de la celebración de una fiesta en el quiosco de música del parque Primo de Rivera organizada por la Gestora Pro-Amnistía de Zaragoza para celebrar la excarcelación de cinco presos políticos de la cárcel de Torrero. En dicho comunicado incidían en que «nuestra amnistía no podremos celebrarla hasta el día en que se deroguen estas leyes discriminatorias».[30]

La AMM, constituida por un grupo de mujeres profesionales de distintos campos (abogadas, psicólogas, médicas y enseñantes)[31] y alguna «ama de ca­sa» asociadas ante la nueva coyuntura de participación en las instituciones democráticas, tuvo una corta vida como grupo. Su dinamismo se fue apagando relación con la implantación del PSOE-PSA (y el PTE-ORT que, tras su escisión, desaparecieron, integrándose muchos de sus dirigentes en el PSOE) el gobierno de la ciudad (1979), con las posibilidades que se abrían para la izquierda parlamentaria. No defendían abiertamente el aborto, su lenguaje era de carácter posibilista y se distanciaban de la simbología y los códigos de presentación feminista, haciendo del color verde su distintivo menos agresivo «porque decían que las radicales lo sacaban todo morado».[32]

28)En el Pais, 8 de marzo de 1978, en un articuolo titulado”Diccionario de grupos feministas” se recoge su actividad y se citan las delegaciones de Zaragoza

29)Heraldo de Aragon, 25 de noviembre de 1977, p.11

30)Exigían además: «la consecución de la patria potestad, la administración compartida delos bienes

gananciales, la igualdad ante la ley de toda clase de hijos (legítimos, ilegítimos, etcétera), la de­saparición de la discriminación legal que sufre la madre soltera y la desaparición del «delito» de adulterio. A la vez, pensamos que urge la instauración de una ley justa de divorcio, de medi­das anticonceptivas y de una educación igual para niños y niñas, como forma de asegurar la desaparición de esa discriminación que hoy sufrimos las mujeres», Heraldo de Aragón, 21 de agosto de 1977.

31)Entre las mujeres que estuvieron en la AAM, la doctora Esperanza Abós fue cofundadora, en 1978, de la Asociacion Aragonesa de Planificacion Familiar y gloria Alvarez, con el gobierno del PSOE a partir de 1982, Directora del Instituto de la Mujer en Aragon

32)Testimonio de Concha Arnal de cuando estuvo en la AMM.Entreviata realizada el 8 de agosto de 1997.

 

Las «radicales» del color morado

Entre estas «radicales » del morado se encontraban la Unión de Mujeres por Liberación y, sobre todo, el Frente Feminista. El reajuste que se estaba produciendo en el movimiento de mujeres se fundamentaba con la vinculación o al posibilismo de intervención para la aplicación del principio de igualdad e ineludiblemente vino recogido en la Constitución, lo que separaba a la  AMM de las otras dos organizaciones (UML y FF) y, por otro lado, el carácter y definición de la organización del movimiento feminista en la ciudad, que separaba a la UML del FF.

 

La Unión de Mujeres por la Liberación se constituyó bajo un arco iris amigo de mujeres. Estaban las que pertenecían al PCE, al PSA, a la LCR y algunas libertarias de la CNT. Querían formar un amplio y diverso colectivo de mujeres con proyección pública en los temas que les afectaban especialmente y, por tanto, no eran excluyentes, admitían y se dirigían al conjunto de las mujeres de la ciudad. La concepción de la organización era informal y asamblearia, y en la práctica de grupo pequeño. La dinámica de trabajo era más (‘encial)por el intercambio de experiencias que se conjugaban allí, entre las mayores curtidas en la clandestinidad y otras más jóvenes con ganas de descubrir el feminismo desde la óptica del «contar cosas»:

contar cosas y, también, sobre todo, de lecturas […] no solamente sobre El Segundo sexo, que podía ser más político, sino todas las novelas de Simone de Beauvoir. Estábamos imbuidas por este tipo de planteamiento más inte­lectual, más liberal, era un poco como plantearnos el querer tener también las relaciones de ese tipo de personas como modelo. Era salir, romper con la familia tradicional, quizá en eso empezábamos a vernos como mujeres en el sentido de que te veías en un futuro, no como una mujer casada y con hijos, sino que te planteabas el rollo del trabajo y te planteabas también un tipo de relaciones personales más abiertas, cuestionándote más el rollo del amor, el rollo del placer, del desarrollo personal, que el encasillarte en una determinada forma de vida.[33]

La UML no tenía una clara definición programática. Aunque trataba de he­redar el espíritu unitario e interclasista de ADMA, tampoco tenían vocación de construir una fuerte organización de mujeres. Sus prácticas de relación en el intercambio de experiencias e ideas, así como la difusión de los métodos anti­conceptivos por los barrios, las llevó a entrar en el tema de la sexualidad, impul­sado sobre todo por las más jóvenes, y que llegó a ser algo central en sus debates:

nos empezamos a cuestionar los temas del placer y así poco a poco ibas to­mando conciencia de ti misma, de las diferencias, de las relaciones con los hombres, un poco fue a través de la sexualidad y de pensar sobre tu propia vida. Éramos muy jóvenes y era cuando empezabas a tener una vida sexual y a relacionarte con los hombres y yo creo que fue más a partir de ahí. Con el tema del divorcio, aunque lo reconocías como un derecho de las mujeres, sobre todo un derecho social, que era algo que no se permitía, sobre todo se hacia  el discurso de que ante malos tratos o malas situaciones era imposible conseguir la separación y de alguna manera luchábamos por esa libertad de las mujeres pero, claro, no te concernía tanto porque la mayoría de nosotras no estábamos casadas. Entonces era más difícil que conectara, pero con el tema de la sexualidad sí.34

33)Zoya Gorriz, entrevista realizado el 7 de Julio de 1997

34)Zoya gorriz,ibid.

Participaron en las grandes campañas del momento: derecho al divorcio, la crítica al texto constitucional, la denuncia del Estatuto de los Trabajado­res, la exigencia de legalización del aborto ante los juicios de Bilbao de ma­nera conjunta con el Frente Feminista y los otros grupos que integraron la Coordinadora de Grupos de Mujeres de Zaragoza desde 1978, como veremos.

La Unión de Mujeres por su Liberación llegó a tener una existencia más larga. Sus relaciones bajo las mismas siglas se fueron agotando hacia 1981, cuando las diferencias de edad y de deseos, se manifestaron en la identifica­ción de las más jóvenes con las ideas y el activismo del Frente Feminista, mientras que las del arco menos «radical» y algo más maduro o bien se de­dicaron a otras cosas, o bien intensificaron en mayor medida el trabajo en los partidos mixtos, coincidiendo el proceso con la preparación de las elecciones generales de 1982, que auguraban el triunfo de la izquierda. En este grupo estuvieron algunas mujeres que posteriormente desempeñaron cargos politicos como la primera concejalía de Bienestar Social del Ayuntamiento y la Delegación Provincial del Ministerio de Educación.35 Las causas de su desapari­ción, por tanto, hay que relacionarlas no tanto con las interpretaciones generales sobre el clima de desencanto, tras las elecciones de 1979 y la crisis del movimiento feminista como explica Pilar Folguera,36 sino con la articulación del movimiento de mujeres en la ciudad y su relación con el desarrollo le la política local, porque en Zaragoza los 80-85 fueron años de renovado entusiasmo político y de presencia y visibilidad del movimiento de mujeres.

La expansión del feminismo en la ciudad desde el año 77 vino dada por el carácter tremendamente activo y militante que el Frente Feminista impri­mó a la organización del movimiento de mujeres. Tras la escisión de la ADMA, el núcleo fundacional del FF, perteneciente en su mayoría al Movimiento Comunista, se ocupó en el intento de articular una fuerte organización con capacidad de movimiento social de masas y presencia constante a nivel pùblico. Lidia Falcón en su tesis Mujer y poder político37 hace una crítica a a falta de eficacia en el movimiento feminista español debido a la falta de organización, a su carácter asambleario y antijerárquico y señala la defensa que desarrollaron algunos grupos, como el Movimiento Comunista, pro­poniendo esquemas organizativos estructurados, en los que se aceptara una división del trabajo necesaria para garantizar la eficacia en el funcionamiento la coordinación de acciones. Desde esta premisa nació el FF, con una declarada autonomía organizativa «al margen de cualquier organismo oficial, de las organizaciones y asociaciones estudiantiles, profesionales, obreras y de los partidos políticos» -como escribían en su programa- para afirmar un sujeto mujer, «grupo social que padece una explotación y opresión específica en razón de su sexo» y que debe elaborar la teoría que fundamente «nuestra lucha».Las diferenciaba de sus anteriores compañeras el análisis de clase con el que trataban de construir ese movimiento social y las unía a ellas la aceptación de la doble militancia: «se admite que cada mujer elija el mantener una militancia en otras organizaciones políticas, siempre que los intereses del Frente Feminista no se vean subordinados a los de dichas organizaciones». En su documento fundacional, el Programa del Frente Feminista afirmaban:

35)Maria Arrondo y Pilar de la Vega respectivamente.

36)P.Folguera.”Capitulo 18.democracia y cambio social”, en E,Garrido(ed):Historia de las mujeres en España.Madrid, Sintesis, 1997, p.569

37)L.Falcon:Mujer y pocer politico.Madrid, Vindicacion Feminista, 1002, p. 416

El Frente Feminista nace recogiendo las enseñanzas que las demás mujeres del Movimiento Feminista internacional y de nuestro país han aportado a nuestra lucha intentando reflejar estas enseñanzas en el terreno teórico y práctico. Nuestros deseos se centran en lograr la emancipación y la libera­ción de las mujeres, así como la transformación de la actual sociedad, donde, además de la explotación de unas clases sobre otras clases y grupos sociales, padecemos la opresión del hombre sobre la mujer a través de todas las ins­tituciones que tienen su base en la sociedad patriarcal, y que tan bien ha sa­bido aprovechar el capitalismo.

Se aprecia el cambio de terminología conceptual introduciendo, por un la­do, la categoría de patriarcado, situados con ello dentro de las corrientes que recogían el legado del pensamiento feminista radical y, por otro, incorporando el término de explotación lo que hace referencia a desigualdades estructurales con una base material. Un aspecto destacable y novedoso que refuerza su intención de autonomía es la autorización[38] que se hacen a sí mismas en las actividades que vayan a emprender, desde la genealogía femenina al enlazar con esa tradición del feminismo.

El Frente Feminista ha experimentado un larga vida que llega hasta la ac­tualidad, siendo lo prioritario en aquellos dos primeros años de existencia la consolidación de su organización. Lo lograron desde diversas formas: una de ellas fue la elaboración de los Cuadernos de Feminismo, que junto con el pro­grama, ampliamente difundidos por la ciudad, reflejan lo que pensaban sobre el movimiento de mujeres, ahora declaradamente feminista, sin complejos.

A modo de conclusión

En este primer período de formación de grupos en Zaragoza, las caracte­rísticas a nivel de actividades fueron, en primer lugar, la importante interrelación de trabajo en los barrios, de los grupos de las asociaciones de vecinos que formaron su propia Coordinadora de Mujeres de Barrios, con las organizaciones feministas. A nivel de Coordinadora de Mujeres de Barrios intercambiaban formación, emprendían acciones de carácter unitario por la exigencia de guarderías pidiendo entrevistas con los concejales, haciendo sentadas en el Ayuntamiento las madres y sus criaturas[39] y reclamando charlas para los tem­as urgentes que, en mayor medida, les preocupaban:

Yo creo que ahí se entabló una relación muy humana, muy rica, en cuanto que había mucha convivencia y empezabas a tener confianza para hablar y contarte tus problemas y ver cómo estaba el conjunto de la sociedad y mu­chas luchas reivindicativas de lo que son los trabajadores. Ya vimos que no podíamos quedarnos al margen y desde la Comisión de Mujeres apoyamos toda la lucha reivindicativa de lo que fue la empresa TUZSA. Se dejaba que los trabajadores se reunieran allí (locales de la Asociación de Vecinos del Picarral), y nosotras como mujeres también aportábamos nuestra colaboración, nuestro apoyo. Si se encerraban, a llevarles café, a llevar

38) Utilizo el concepto de autorización en el sentido de reconocimiento de poder legitimado por la autoridad social de las mujeres feministas, esto remite a un valor simbólico feminista, que, aunque sea una medida de valor femenina, es distinta al de la autoridad real que se establece (con la relación de affidamento), en el intercambio y la relación política entre mujeres, cuando se remite a un simbólico femenino no marcado por las ideologías -y por tanto excluyente de otras mujeres- sino por el hecho de nacer en un cuerpo sexuado de mujer, ideas defendidas por L. CiGARINI: La política del deseo. La diferencia femenina se hace historia, Barcelona, Icaria, 1995 y Librería de Mujeres de Milán: No creas tener derechos, Madrid, Horas y Horas, 1991

39) Vino recogido en la prensa local.Dispongo de dos recortes del Heraldo de aragon, sin fecha, que, si bien no ha sido posible buscar de nuevo en las fuentes hemerograficas, me atrevo a situar en la primavera de 1978

 

 

 

comida, eso fue una labor muy solidaria. A partir ahí se fueron reivindicando los temas más fe­ministas: el aborto, el divorcio, con charlas y apoyando las reivindicaciones que hacía el Frente Feminista. Ha sido un proceso de ir avanzando, muy poco a poco, y de ser unas ideas muy básicas con las que se empezó.[40]

Toda esta labor las relacionó de manera intensa y puntual, con el movimiento feminista. La actividad exterior de dar charlas la llevó a cabo, en mayor medida que otros grupos, el Frente Feminista:

del 77 al 84 hubo una relación con los barrios muy íntima de trabajo, en cuanto a apoyo, en cuanto a que te llamaban para dar charlas, en cuanto a apoyos a reivindicaciones de unas y otras.Había algunas vocalías que eran auténticos grupos feministas como la del Picarral y La Jota también.[41]

Asimismo, la interrelación entre la actividad sindical de la Secretaría de Mujer de CCOO con los grupos feministas, en la medida en que muchas de ellas trabajaban en  mayor o menor grado en los dos espacios. Fue importante, también, la colaboración que ofrecía la Asociación de Planificación Familiar,[42]formada tras la despenalización de los anticonceptivos en 1978 y fundada por una? de las integrantes de la disuelta AMM, que realizó el primer folleto de difusión de los métodos anticonceptivos, el aborto y las enfermedades ve­néreas. Colaboraba con los grupo de mujeres en las labores de difusión e in­formación sexual, como el ciclo de charlas que en julio de 1979 organizó la Secretaría de la Mujer de CCOO sobre sexualidad, anticoncepción y plani­ficación familiar, ciclo que fue ampliamente difundido en la prensa local y en donde constataban las prácticas abortivas ilegales que ponían en peligro la vida de las mujeres que no podían ir a abortar a Londres o a París, todo ello por no estar legalizado el aborto en España.43

Una actividad sin precedentes era la celebración de manifestaciones pú­blicas y del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, con­virtiéndose en algo propio del movimiento feminista, a pesar de que los sindicatos trataron de identificarlo con el día de las mujeres obreras y las rei­vindicaciones de equiparación salarial. La preparación de las mismas unió de nuevo a los tres grupos escindidos en la primera manifestación feminista que se realizó en Zaragoza en 1978 bajo el lema «por un divorcio justo en la Cons­titución» 44 Al año siguiente se celebró de manera casi unitaria -la AMM no suscribió la convocatoria- el 8 de marzo, a pesar de la lluvia que hizo suspen­der la manifestación antes de tiempo, y de no haberse puesto de acuerdo en el color de la pancarta que iba a encabezar el acontecimiento de las mujeres. Las convocatorias eran abiertas a hombres y contaban con el apoyo de las or­ganizaciones políticas y sindicales de la izquierda.

40)Pilar Añon, entrevista 19 julio de 1997

41)Rosa  Fernandez y Concha Rodríguez, respectivamente, entrevista realizada el 9 de julio de 1997.

42)En Zaragoza viva, 10 de mayo de 1978,p.17, se recoge ampliamente el tema de la despenalizacion y la ceacion de dicha asociación con los doctores Aisa,Allue y Esperanza Abos en la gestora de la misma

43) Heraldo de Aragón, 1 y 2 de julio de 1979.

44) Las fuentes orales difieren en la fecha, unas dicen que se celebró el 8 de marzo y otras el 6 de mayo

 

Las manifestaciones públicas tenían un componente provocador por el mero hecho de centrar su contenido en las mujeres como una nueva identidad colectiva que, hablaba con otra voz distinta de la escuchada hasta entonces, decía palabras antipatriarcales, que iban en contra de los privilegios mascu­linos y afirmaban el cuerpo de las mujeres. El entusiasmo de sus participantes se reflejó, en este primer período, en el inmenso tesón que pusieron para di­fundir sus folletos y octavillas en la calle, al estilo tradicional, pero novedo­so en cuanto a que eran figuras femeninas de carne y hueso, reales, las que invadían el espacio público con consignas y reivindicaciones. Tímidamente aparecían nuevas formas de presentar las demandas y deseos, de una manera llamativa y a veces chocante, subvirtiendo la representación simbólica de la mujer sumisa, en un derroche de alegría y creatividad. A pesar, en líneas generales de una cierta sobriedad existente en las manifestaciones públicas del feminismo zaragozano en aquellos años, podemos afirmar como dice Lola G. Luna:

La imaginación a la hora de expresarse era importante,- las nuevas formas de hacer política formaban parte de la estrategia y aquel estilo entroncaba con la corriente internacional de aquellos años, del feminismo italiano en su colory forma de estar en la calle. La alegría de ser mujeres formaba parte de esta expresión, porque era una etapa de reafirmación de una identidad45

45)G.Luna:-Apuntes historicos de feminismo catalan. De la mar a las Lagunas de Ruidera pasando por Granada,1976-1986.

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

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